LACTANCIA MATERNA. INFLUENCIA Y BENEFICIOS EN EL DESARROLLO OROFACIAL DEL RECIEN NACIDO - Clínica Dental Esther Cano

El acto de amamantar es más que nutrir a un niño; involucra un profundo vínculo psicoemocional entre madre e hijo, con beneficios robustos para los indicadores de salud materno-infantil a corto y largo plazo.

La lactancia materna se define como aquella alimentación del niño durante los primeros meses de su vida, cuando se realiza mamando exclusivamente del pecho de la madre. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la lactancia materna exclusiva desde el nacimiento hasta los 6 meses de edad, con la introducción de alimentos complementarios saludables a partir de los 6 meses hasta por lo menos los 2 años de edad pudiendo continuarse hasta que la madre o el niño decidan.

Es el alimento ideal para el niño durante los primeros meses de vida. Constituye una práctica indiscutible y la forma ideal para satisfacer las necesidades nutricionales del recién nacido, ya que la leche materna incluye muchos componentes bioactivos esenciales, como factores inmunológicos, antimicrobianos y antiinflamatorios, enzimas y factores de crecimiento necesarios para un crecimiento y desarrollo adecuados.

Además de proveer beneficios desde el punto de vista inmunológico, nutritivo, afectivo y psicológico, desde el punto de vista odontológico, la lactancia materna, estimula el desarrollo y maduración de las funciones orofaciales (tales como la respiración, fonación, deglución y masticación) y puede ser considerada un factor de protección contra el establecimiento de maloclusiones en la dentición temporal, ofreciendo una

 

reducción de hasta un 68%, independientemente del tipo, para aquellos niños que al menos realizaron lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses de edad.

Es bien conocido que el crecimiento óseo, está condicionado genéticamente por nuestra carga genética, aunque son muchos los autores que proclaman la importancia de los estímulos ambientales como factor fundamental para que la genética se exprese en toda su potencia.

El crecimiento del complejo craneofacial es fundamental y depende de estímulos como la succión que ayudan a inducir una morfología facial adecuada. A nivel del desarrollo orofacial, la lactancia materna favorece el crecimiento y desarrollo del

maxilar y de la mandíbula en niños, siendo un factor preventivo fundamental como hemos referido con anterioridad, en el desarrollo de maloclusiones, ya que favorece el crecimiento y desarrollo del aparato masticatorio y mejora la oclusión dental.

Es en la rama posterior de la mandíbula y en el cóndilo donde se sitúan los campos primarios de desarrollo. El avance de la mandíbula actuaría como principal estímulo de crecimiento, es por eso que se considera a la lactancia materna como el primer avance fisiológico de la misma.

Cuando el niño nace, la mandíbula se encuentra en una posición posterior con relación al maxilar. Esto se conoce como retrusión fisiológica del recién nacido o pseudo-retrognatismo mandibular. Esta situación más posterior de la mandíbula da lugar a un perfil convexo que es absolutamente normal en el recién nacido. La mandíbula se encuentra retraída con respecto al maxilar superior observándose un espacio, el cual es ocupado por la lengua. Esta posición más posterior de la mandíbula se debe a un mayor crecimiento intrauterino del tercio medio y superior de la cara con respecto al inferior. La posición mandibular al nacer es de aproximadamente 1 cm atrás del maxilar, sin embargo, el amamantamiento avanza 1 a 1,5 mm en los primeros días, y a los 4 meses avanza unos 4-6 mm. A los 6- 8 meses llega a una posición correcta, disminuyendo la posibilidad de malposición y favorece el establecimiento de la posición correcta de los incisivos, así como una adecuada relación vertical y sagital de la mandíbula con respecto al maxilar y a la base craneal superior.

El bebé, al iniciar el acto de mamar, introduce el pezón en parte de la areola (o toda ella) en el interior de la boca, entre el dorso de la lengua y contra el paladar duro, haciendo un cierre hermético con los labios y descendiendo levemente el paladar blando y la mandíbula (primer movimiento de amamantamiento). En el segundo movimiento de lactancia, el bebé comienza a hacer movimientos antero-posteriores con la mandíbula oponiendo el reborde alveolar inferior contra el superior de manera que exprime el pezón materno, obteniendo así la salida de flujo de leche. La lengua durante esta fase, en la deglución, realiza una serie de movimientos peristálticos desde la punta hacia atrás, lo que permite una libertad de movimientos mandibulares y consecuente crecimiento armónico vertical y horizontal de la cara.

Todo estos movimientos anteroposteriores, así como la posición y forma que adopta la lengua, van a hacer desde los primeros momentos de vida del bebé, que se estimulen músculos, huesos, cartílago y estructuras orales para un correcto desarrollo de las mismas.

Cabe destacar la importancia que tiene la lactancia materna sobre la respiración que además está íntimamente relacionada con el desarrollo transversal del maxilar superior. Un bebé que mama, refuerza y mantiene el circuito fisiológico de respiración nasal ya que puede succionar, deglutir y respirar por la nariz a la vez con una correcta sincronización, sin posibilidad de respirar por la boca. Por lo tanto, la lactancia materna previene la respiración oral, uno de los factores que influyen en el desarrollo de algunas maloclusiones.

En cambio, cuando un bebé toma biberón, se favorece más la respiración oral. La actividad neuromuscular que se produce es mínima y apenas se producen los movimientos anterposteriores de la mandíbula. El esfuerzo muscular que tiene que hacer el niño para alimentarse es mínimo. Con el biberón no se produce el cierre hermético de los labios, y la mandíbula se posiciona en una situación mas posterior, no se genera ese adelantamiento y la lengua se posiciona plana. Al estar la mandíbula más retrasada, la orofaringe esta cerrada y el niño no puede respirar por la nariz por lo que pasa directamente a respirar por la boca soltando para ello la tetina del biberón. La lactancia artificial, por tanto, no permite que los músculos orofaciales sean desarrollados y tonificados de una manera correcta, de forma que cuando la dentición temporal comience a trabajar, los músculos no tendrán suficiente fuerza para desgastar el esmalte. Los caninos temporales si no se desgastan bien de una manera fisiológica pueden interferir en los movimientos de lateralidad de la mandíbula, dando lugar a una masticación más vertical nada efectiva para el crecimiento de maxilar y de la mandíbula y puede desarrollar maloclusión.

Además, como con la lactancia artificial la estimulación de la musculatura es mínima, la necesidad de succión del bebé no está totalmente cubierta. En muchos casos es necesario recurrir al uso de chupetes, succión del dedo, u otros objetos para que queden totalmente satisfechos. Estos hábitos de succión no nutritiva, condicionan el posicionamiento de la mandíbula y de los dientes en una relación que no es la correcta y si esto persiste en el tiempo favorece la aparición de alteraciones del desarrollo dentario como la aparición de resalte, apiñamiento, mordida cruzada y mordida abierta anterior que si se mantienen en el tiempo pueden pasar a convertirse en un problema oseo.

En resumen:

  1. La lactancia materna es el primer y más importante estímulo de desarrollo mandibular en las primeras etapas de la vida de un niño. En el ámbito odontológico permite un crecimiento y desarrollo adecuado del aparato bucal, estimula favorablemente la acción muscular a través del trabajo mecánico que ejerce el bebé para succionar y deglutir la leche, lo que contribuye notablemente al posicionamiento adecuado de la mandíbula tanto en sentido transversal como sagital.
  2. Este tipo de alimentación contribuye de manera fundamental a la instauración de la respiración nasal lo que favorecerá un buen desarrollo transversal del maxilar
  3. Todo lo referido con anterioridad proporciona el medio adecuado para un desarrollo apropiado de la oclusión dental. Por lo que puede considerarse a la lactancia materna como el primer aparato de ortodoncia.